miércoles, 14 de junio de 2023

Hallelujah girl


Me sentía, de una manera muy extraña, como pocas veces en la vida. Sólo que ahora sabía reconocer el tipo de trampa en la que había caído. No era una trampa de intrincadas triquiñuelas, se parecía más a una trampa de oso, mecánica y sencilla, pero muy efectiva. Entenderlo lo hacía más claro pero igual de doloroso. Quizá aún más, pues ahora, además del pesado grillete que iba mordiendo mi corazón, sentía la vergüenza de no haber podido esquivar aquella situación tan pueril y básica: me había enamorado. Y no en ese momento, no aquella noche, sino desde hacía mucho tiempo, sin haber querido darme cuenta.
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Ella amaba a su novio pero moría de celos. Sabía que algo pasaba en su relación. Yo, jugando a conocer los secretos del manual masculino, también apostaba a que algo no estaba bien del todo. Ella me contaba algunas cosas y yo analizaba, al botepronto, que se sentían atrapados en ellos mismos. Ambos tenían tanto fuego y ganas de arder, que una monogamia era más una olla de presión que un lugar para florecer. Ahí se cocinaban a vapor y fuego lento sus ansias de comerse al mundo. Y también sus ganas de que el mundo se los comiera a ellos, salvajemente.
Mientras tanto, yo no me daba cuenta de cuánta energía invertía en mantener mi corazón a raya, pero cuando estaba a solas con ella, no podía usar mi máscara social. Esa careta de hombre resuelto y en control de todo, con buen sentido del humor y siempre centrado, se deformaba contra mi voluntad. Ella era especial. Por lo mismo, y a pesar de su inteligencia, sólo lográbamos prolongar una plática cuando se trataba de criticar a los demás. Era la forma más burda y fácil de mantener nuestros encuentros en el más impersonal de los niveles. Hablar de otros para no involucrar nunca un nosotros. Sabíamos, en el fondo, que de hacerlo todo podría irse al carajo. Ninguno de los dos estaba preparado para manejar una mayor intimidad. Era mejor dejarlo así, de lejos, y entre más lejos, nos iba mejor
Hasta aquel día, de aquella noche, de aquel lugar, en el que nos emborrachamos. Ella, harta de los celos que la atormentaban, decidió que la ocasión y yo, seríamos perfectos para lavarse las penas.
Hasta antes de ese momento, mi inconsciente se había esmerado en reprimir todo rasgo de deseo por ella, pero aquel día, las puertas a la consciencia estallaron en pedazos, cuando pegó su cuerpo contra el mío. La forma en la que sus manos serpenteaban acariciando mi espalda y mi pecho. Su forma de bailar para mí. Su piel morena. Su forma de hacer babear a quien la miraba. Todo empezó a volverse incontrolable.
Le importó poco que su novio la viera sentarse a horcajadas sobre mí, bailando y dejando a todo mundo boquiabierto. Por el contrario, parecía empeñada en hacerlo pagar por todos esos momentos en los que había sido ella quien rechinaba los dientes mientras moría de celos.
Yo tampoco hacía mucho por detenerla, aunque sí era consciente de que en cualquier momento podría llevarme algún puñetazo. Pero en lugar de eso, su novio resistía, estoico, aquel performance erótico que se cargaba de miradas ante las salvajes sacudidas que ella le daba a su cuerpo.
En alguna extraña mezcla de movimientos, me amarró con sus piernas a la silla y de pronto… ¡Hallelujah!
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She tied you to her kitchen chair
She broke your throne and she cut your hair
And from your lips, she drew the Hallelujah
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Yo alcanzaba a percibir la atmósfera. El ambiente se empezaba a partir por la tensión de los bandos: los que se divertían con el espectáculo y los que sufrían la tortura en los ojos del novio.
Yo actuaba mi seriedad, fingía poner orden. Le alejaba con mis manos y le daba la espalda por momentos, pero algo inexplicable quería que aquello no terminara jamás. Evitaba y esquivaba sus besos, pero me calentaba la idea de que siguiera intentando.
Vi al novio llegar al límite de sus fuerzas. Lo vi caminar hacia su vehículo y arrancar. Pensé que estaba salvado. Que aquella deuda de celos estaría saldada por ese día. Que ella correría tras él, pelearían y se irían, apartándome de lo que podría ser.
Pero también lo vi arrancar. Vi como a ella no le importó. Supe que no podría más. En ese instante la vi más cerca que nunca. Colgada a mi cuello y pegada a mi cuerpo. Un par de palabras suyas en mi oído y nada más. Granadas estallando dentro de mí.
Lo que dijo fue magia… o brujería, no lo sé, pero mi voluntad estaba aniquilada.

And from your lips, she drew the Hallelujah

La borrachera me nubla los recuerdos. Tal vez el inconsciente me protege de alguna escena de ruindad, porque en algún momento dejé de resistir aquellos besos, que de todos modos, no quería resistir.
Terminó la fiesta y nos echaron a la calle. Poco después, todos se habían ido. Ella y yo nos quedamos solos. La acompañé a su auto, pero éramos dos borrachos con los cuerpos enredados que no podíamos ni caminar, mucho menos conducir.
Para entonces, ya habíamos roto la línea de lo impersonal. Qué más nos daba meternos en su coche, tocarnos y besarnos. De cualquier modo, yo no podía conducir mi moto y ella no podía conducir su auto. No nos molestó en absoluto pasar algunas horas más como los amantes que fuimos aquella noche.
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Well your faith was strong but you needed proof
You saw her bathing on the roof
Her beauty and the moonlight overthrew you
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En algún destello de lucidez, y cuando aún no amanecía, por alguna razón, pensamos que sería buen momento para irnos de ahí.
En total obscuridad y ebrios, pero ya de pie y manteniendo el equilibrio, nos dijimos adiós.
Siempre uno se esmera en encajar canciones a su vida, pero pocas veces se siente tan real y tan perfecto. Incluso entonces, cuando aún no entendía lo que significaría ese momento en mi vida.
Aquella noche en que nos quedamos solos y nos amamos tan borrachos, sucedió algo terrible. Ella no sólo me dejó tocar su piel, no sólo me dijo cuánto me admiraba, no sólo me dejó abrazarla y besarle la cara. Perderla después de eso hubiera sido molesto, pero llevadero.
El terrible problema vino cuando me dejó salvarla. No podía entender por qué me sentí un estúpido héroe con lo que pasó después. Mi corazón, por otra parte, no entendía por qué aquella chica, que me había amado como nunca nadie lo había hecho antes, regresaba tan fácilmente a su estado natural, distante e impersonal.
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You know, I used to live alone before I knew you
And I've seen your flag on the marble arch
And Love is not a victory march
It's a cold and it's a broken Hallelujah
………..
A pesar de la borrachera, tengo tan clara la visión de ella arrancando su auto y saliendo en la total oscuridad de la madrugada a esa carretera de doble sentido, oscura, estrecha y con muros de selva. Conduciendo sin luces, zigzagueando, invadiendo el carril del sentido contrario. Evidentemente no estaba en condiciones de manejar. De pronto, aparecieron las luces de un auto que venía hacia nosotros. Pensé que se mataba. Debí frenar para no ser arrollado como pino de boliche en el potencial choque con el carro que venía de frente, pero en vez de eso, seguí acelerando. Cada vez, ella y su auto, se desviaban más y más hacia la tragedia. Yo luchaba por mantenerme a poca distancia, pitándole el claxon para despertarla. El auto del sentido contrario se acercaba sin frenar. La penumbra de ese camino era tal, que resultaba imposible ver a un auto sin luces. Estaba seguro de que se mataba. Pero algo milagrosamente funcionó de pronto y prendió sus faros. El otro auto pudo frenar un poco y ella volvió a su carril justo antes de que se hicieran pedazos.
Aún escribiendo esto, ya pasado algún tiempo, se me vuelve a detener la respiración y se me eriza la piel. Fueron los 30 segundos más largos y terroríficos de aquella vida que se reinició en ese momento en el que no morimos.
Luego, 5 kilómetros más adelante, después de una persecución a toda la velocidad que daban mi moto y mi ebriedad, logré alcanzarla. Le pedí que se orillara y lo hizo. Se estacionó 2 metros lejos de la banqueta. Supe que no estaba bien. Le pedí las llaves. Yo conduciría hasta su casa, donde se suponía, la estaría esperando su novio, seguramente ardiendo en celos, seguramente furioso. Quedarme con ella esa noche no era una opción, así que tuve que regresar caminando 18 kilómetros sobre la carretera que cruza la selva, dónde la señal del teléfono no existe, empezando en la penumbra de la madrugada y terminando 4 horas más tarde, cocinado por el sol caribeño de la mañana.
Estaba jodido. Por la caminata, por la borrachera, por el rechazo de los taxis que pasaron a mi lado sin frenar, por el sol y por amor. Yo, que nunca antes la había mirado con intenciones románticas, fui a darme directo contra el muro de la realidad en el momento en el que ella estuvo a punto de chocar. Se habría matado, estoy seguro. Y esas cosas, esos roces con la muerte no sólo generan explosiones de adrenalina, también son catalizadores de emociones reprimidas. Esos momentos logran que como volcanes, salgan explotando desde lo más profundo del inconsciente los sentimientos más negados y vergonzosos. Que salgan disparados esos impulsos sepultados bajo la piedra y el lodo de corazones amurallados, como el mío.
Y así fue. A partir de ese momento mi amor romántico quedó ligado a todo lo que yo admiraba de ella y que no había entendido tan claramente antes. De no haber estado a punto de morir frente a mis ojos, quizá jamás lo habría notado y por supuesto, tampoco lo habría admitido. Pero su maldita maniobra de borracha al volante hizo explotar en mi corazón la magia de su inteligencia, de su delicioso odio hacia el mundo que tantas veces me distrajo de mi propio enojo y mi tristeza, de su belleza tan peculiar, de su risa tan preciosa por escasa, de su forma de haber construido a esa mujer con su pasado tan agreste, de su manera de mirar el mundo y de su forma tan tierna de esconderse casi todo el tiempo. De pronto la tenía hecha nudo en el corazón, como si la hubiera estado buscando desde otra vida.
Unos días después, nos despedimos para siempre. A pesar del cariño y la amistad, sabía que no volvería a verla. Ella tenía ya otros planes para su vida. Para su vida que seguía viviendo como un continuo. Bendita su ingenuidad que la mantenía cuerda y que la mantuvo abstraída de ese instante en el que casi se muere, porque para mí, que viví ese momento a toda velocidad, atrás de ella, sufriendo desesperadamente la visión del inminente choque, su existencia acababa de empezar de nuevo, justo en el momento en el que se despertó con el claxon de mi moto y evitó aquel auto que venía de frente, con un volantazo de borracha.

Maybe there's a God above
But, all I've ever learned from love
Was how to shoot somebody who outdrew you
And it's not a cry, that you hear at night
It's not somebody, who's seen the light
It's a cold and it's a broken Hallelujah
Puede ser una imagen de carretera
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