Desde hace un par de meses tengo en mis fantasías a Dua Lipa mirándome y cantándome "si te quieres escapar conmigo, conozco una galaxia a la que te puedo llevar". Simplemente me eriza la piel. Y justamente me acordé cuando alguna vez una novia me reclamó con mucha frustración y al borde del llanto que por qué me gustaba pura música de morras. Ella me quería más macho, pero en esa época, yo experimentaba una obsesión incontrolable por las voces femeninas que bandeaba de las Riot grrl a las popstars por igual. Mi banda favorita por aquellos tiempos era Veruca Salt, pero también pasaba horas oyendo a The Cárdigans. Iba de L7 a No Doubt y el amor de mi vida era Jewel. Era Britney, era Saffron, era Zooey Deschanel, las Spice, miss Moloko y 137 etcéteras más. A aquella novia tal vez le habría excitado que yo anduviera con mis audífonos escurriendo Pantera y Motorhead por las orejas. Pero cuando me salía de bañar, en lugar de cantar Ace of Spades, silbaba Ace of Base.
Lo que nunca pude explicarle, o nunca quiso entender, fue que aquella obsesión no era, como ella temía, producto de una identificación homosexual, sino por el contrario, supuraba una proyección de aquel deseo medio psicótico de hacerlas mías a todas. De una peculiar fantasía por tenerlas, a ellas, cantandome a mí, precisamente a mí. De imaginar que Gwen Stefani me odia por haberla mandado a mi lista interminable de exnovias. De saborear la vocecilla tierna de Nina Persson sufriendo por estarme perdiendo. De gruñir con mis Volcano Girls mientras me piden que las deje ahí, acostadas, porque no se quieren ir. De resoplar mientras Shirley, mi Shirley, me echa en cara, orgullosa y altanerita, que sólo es feliz cuando todo es complicado. De atesorar la voz de Sheryl predicando que si algo me hace feliz no puede ser tan malo. De sentirme tan feliz entre los gritos hermosos y hambrientos de Brody Dalle.
Es que no recuerdo calentura igual a la que me da tener a Karen O, gimiendo y gritándome a la cara lo que viene esta noche, que está sudando en medio del frío, que se aprieta los muslos, que se ahoga. Y de pronto puedo verlo con claridad. Lo que siempre he querido es esto. Y también a Shakira, proponiéndome un desliz, fantaseando con que nos deseábamos desde antes de nacer, y luego jurándome que ya irán sanando poco a poco mis heridas.
¿Es acaso mucho pedir?
29 agosto 2021
No hay comentarios.:
Publicar un comentario