jueves, 17 de noviembre de 2022

Historia de un Perro, parte II

Esta foto es del día del huracán. El perro de 26 kilos se hizo del tamaño de un gato. Llegó aterrado en la madrugada, a media tormenta. Aunque tiene humano, probablemente  no le abrió la puerta. Otra vez.
Y Perro es fiel. Siempre espera a su amo como Hachiko, aullaría en la tumba de su amo como el perro negro que es... Mas vive en la calle todo el tiempo. Su amo no le tiene un techo decente para cubrirlo de lluvias y frío. Tampoco le tiene permitido entrar a la casa familiar. A veces su humano pasa días sin volver, que para Perro son días sin comer de su mano. Así que busca refugio, comida y amor donde puede. Así me encontró. Así fue que empezó a subir a mi terraza, me fue domesticando, se hizo amigo del gato y poco a poco las puertas de mi hogar se abrieron para él. 
Pasa días conmigo, come conmigo, ríe conmigo, lo llevo al veterinario y después de su baño, duerme en la cama. Jugamos, me muerde y lo muerdo. Para molestarlo le atrapo la lengua con los dedos y se libera para seguir dando sus besos de perro. Ama al gato y éste a veces le da masajes para su espalda. Le canto a veces y a veces aulla. Me acompaña. Y he hablado con él muy seriamente. Aquí tienes una familia, le digo. No te vayas más. No sufras la lluvia y deja de ir a que los perros de la otra cuadra te tundan a mordidas. Perro me mira con amor, se acurruca conmigo y pareciera decir que sí. Que acepta la propuesta. Y por un momento, me creo que seremos una familia. Así nos pasa el tiempo. Hasta que, un día de tantos, suena ese maldito silbido, tonto y cruel, que lo llama de la misma forma en que lo ha llamado desde que era un cachorro. Y no puede evitar brincar emocionado, patearme, lanzarse como un loco al encuentro de su humano. Su lealtad de perro está con él, su familia es con él, su amor es con él, aunque nunca sepa si a las pocas horas, o a los pocos días, volverá a buscar dónde guarecerse del abandono. Y no importa cuánto me quiera a mi, ni al gato. Porque de eso nadie duda. Nosotros sabemos que tenemos algo especial, pero también sabemos que el corazón de Perro ya tiene un hogar, a veces, al otro lado de la calle, a ratos. ¡Y qué importa! Si yo ya sé que con algunos amores no siempre se vive del lado correcto. También a veces, nos gusta jugar a fingir que su hogar está aquí, conmigo. Al menos, hasta que vuelva a sonar ese maldito silbido, que suena, a veces.

6 diciembre 2020

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