jueves, 17 de noviembre de 2022

La torpe historia de la guapa, la atractiva y la interesante

Aparecieron de la nada. Aquellas tres chicas desconocidas se plantaron frente a mí y me preguntaron ¿Cuál de nosotras te gusta más?  Para ellas era un reto, un juego caliente. Yo apenas podía evitar que se me cayera la baba. Estaba en shock. Ellas reían y yo sólo alcancé a balbucear como un zombie. Las tres eran muy distintas pero tan bellas, que deslumbraban todo a su paso. Yo no podía dejar de mirarlas. Me intimidaban sus ojos, pero no podía correr. Ellas tampoco. Sus piernas se movian nerviosas cuando las miraba. Miraba sus cuerpos ahí parados, tan regios y soberbios. Tan tímidos. Cuando hablaban era todavía más excitante. Eran listas, eran ágiles, eran valientes. Aquello era un sueño. E igual que en mis sueños, de pronto lo bello se volvió una pesadilla. Me di cuenta de que no podía elegir.
¿Cómo saber cuál de las tres me gustaba más? ¡Imposible! Por eso me inventé una salida de emergencia, tan torpe como magistral. Tomé esa actitud de Humphrey Bogart, absolutamente fingida y les dije: 

- no puedo hacerlo, chicas. 
- ¿Por qué no?— preguntaron
-  Porque es imposible comparar a la guapa con la atractiva, con la interesante. 

¡Claro que pusieron cara de no entender un carajo!

 ¿Qué demonios era eso? ¿un halago? ¿una excusa? ¿Una reflexión? ¿Era un sí? ¿Era un no? ¿Siquiera tenia sentido? Lo que fuera, definitivamente no era una respuesta a su pregunta. Pero aunque obviamente se trataba de un escape, realmente yo no mentía. 

Contaré un poco de ellas para entenderlo mejor, pero antes debo decir que después de haberlo evitado tantos años, no entraré ahora en el juego de la comparación. Hablaré de ellas tres como si fuera una sola persona. Es la única manera honesta de contarle su belleza a este mundo.

Diré que era increíblemente bella. Pero no era una belleza de revista, no era así de estándar. Era la belleza de aquella chica que de pronto pasa por tu lado, totalmente inadvertida, hasta que te sonríe. Entonces te sacude el mundo, te hace voltear, se va y de pronto pasas semanas pensando en la chica que te miró fugazmente y desapareció. ¡Era ese tipo de belleza!  Tan guapa de mirarla y de escucharla. Verla sonreír y sonrojarse me hacía sonreír y sonrojarme a mí como pocas veces en la vida. Tenía ese magnetismo brutal. Tan atractiva con su cuerpo y su voz. Tan valiente, tan interesante. ¿Cómo no enamorarse? Yo vendía libros y ella quería uno, pero no tenía el dinero. Me dijo que volvería al día siguiente, que no la olvidara. Entonces giró coqueta. Su falda corta de camuflaje voló un poco y su figura de bailarina de cajita músical se impregnó en mis ojos. Apoyó sus manos en la mesa y me miró de frente, acercándome tanto sus ojos color fantasía que mi garganta se cerró y mi corazón casi se revienta. Me dijo nuevamente que no la olvidara y me dio la espalda. Miré su espalda, su cabello, sus nalgas y sus piernas sincronizarse a ese ritmo brutal con el que iba rompiendo el aire a su paso. Me pidió que no la olvidara, y no lo hice. Nunca lo hice. 

Después de eso sucedió lo obvio, pues bien se sabe que quien se enamora de tres, se enamora de nadie. Y qué remedio, me quedé con nadie.

Además, en el peor momento de la vida, se me cruzó por la cabeza que más o menos así había empezado la tragedia de Troya. A un ingenuo como yo se le plantaron 3 diosas. Le pidieron que eligiera a la más bella. El tarado eligió a Afrodita. Esta le concedió el amor de una mujer casada. Las otras dos, ahogadas en despecho, le hicieron la vida imposible y luego, con ayuda del marido, lo mataron a él y quemaron todo a su alrededor.
¡Vaya metáfora! 
Esto va a acabar mal si eliges —pensaba- ¡Acuérdate de Troya!
Ahora ya no importa.
No debí haberme hecho caso. 

Al paso de los años, y después de haber olvidado tantas cosas, de haber firmado y quemado contratos y amores, de haber cambiado de vida varias veces, y haber hecho rituales de purificación, nunca he querido deshacerme de este recuerdo. Por alguna razón que no entiendo del todo, he decidido conservar esos 20 minutos de mi vida en el baúl de lo valioso. Así que de vez en cuando, todavía juego a replicarlas. A imaginarlas a ellas y a mí en las infinitas posibilidades del ¿y si hubiera...? 
Por eso, cuando me muera y pase frente a mis ojos la película de mi vida, me voy a levantar de mi butaca y voy a aplaudir muy fuerte por aquellos hermosos 20 minutos.

5 diciembre 2021

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