jueves, 17 de noviembre de 2022

Yo y yo

Tomarse una selfie es una declaración de soledad. Nada más por eso, ya merecen mi respeto, y a veces, hasta mi admiración. 

Es la soledad del que busca estar solo.
Es la soledad del que no ha encontrado compañía.
Es la soledad del que no quiere recordarse junto a nadie.
Es incluso la soledad de quien, aún rodeado de gente, no encuentra un ojo prójimo que sienta el deseo de mirarlo.
La selfie, para bien o mal, es la soledad tomando el poder.

En una selfie, soy lo mejor que puedo actuar ante una cámara que está bajo mi control (aún así, en mi caso al menos, el resultado suele ser casi siempre terrible).

Por el contrario, cuando alguien más dispara, recibimos la visión que el otro tiene de nosotros. Esa de la que no tenemos control y por increíble que parezca, igual que en el amor, habrá quien nos muestre horriblemente en cada foto, las peores muecas, los defectos más incómodos y las arrugas más espantosas. Pero habrá alguien también,que nos hará lucir tan atractivos y hermosos que nos costará admitir que eso tampoco somos nosotros.

20 octubre 2021

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