domingo, 14 de mayo de 2023

Te doy una canción

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Por muchos años me negué a dedicar canciones de amor. Aunque tenía una buena lista para hacerlo, siempre pensaba en guardarlas para “la indicada”, lo que tristemente significaba que las chicas a mi lado no lo eran. Esperaba eternamente algo mejor, ya sabes, el pasto del vecino siempre es más verde. El pájaro en mano nunca era tan hermoso como los cientos volando.
Así que me volví un acumulador compulsivo de canciones para dedicar. Las tenía arrumbadas en alguna covacha de mi corazón, llenándose de polvo y telarañas, porque claro, “la indicada” jamás llegaba.

Pero las bodegas, incluso las emocionales, tienen un límite. Yo había metido tanta emoción inútil en cada canción ahí guardada, que en algún momento aquello se desbordó. Y empezó a brotar un chorro incontrolable de nuevas canciones dedicables, pero está vez ya no tenían la tonta intención de esperar a alguien especial. Tuve que entender, casi a la fuerza, que las canciones son las que eligen a sus personas y sus momentos, no uno. Que hay episodios fugaces que conectan con las canciones más hermosas y tiempos hermosos que no verán venir una sola canción. Que hay personas que en apenas unas horas harán brotar un río de canciones y canciones que anunciarán premonitoriamente la llegada de alguien, sin que se pueda hacer algo para controlarlo.

Así, las canciones más importantes de mi bodega se las han llevado chicas que se han vuelto casi intrascendentes, excepto por haber quedado ligadas a una melodía. Y felizmente entiendo que no son pérdidas, porque gracias a ellas he encontrado sentido en rolas que no había entendido antes. Eso, para mí es un regalo valiosísimo, porque si descubrir música nueva es emocionante, redescubrir algo que creía conocer eleva mi alma.

Por ejemplo, después de guardar Something por tantos años, un día se la llevó alguien más o menos fugaz de quién no he vuelto a saber, pero por un momento, pude sentir la emoción que hizo estremecer a Harrison cuando la miraba, justo a ella, caminando hacia mí.

🎵🎶Something in the way she moves
Attracts me like no other lover
Somewhere in her smile, she knows
That I don’t need no other lover
Something in her style that shows me…🎵🎶

Ya la había cantado miles de veces antes, pero la había aprendido con la memoria. 
Cuando apareció esa chica, su belleza, ese tempo despiadado al caminar y esa extraña mueca en su sonrisa hicieron que Something se desbordara de la covacha de canciones. Entonces pude, por un instante, sentir en la piel que era yo quien decía aquellos versos por primera vez. Por un instante, Something ya no era de Harrison, era mía y su historia era mi historia. 
Aquella canción había elegido su momento para nacer de nuevo y yo estaba ahí para vivirlo, como el melómano más afortunado del mundo.

Así, muchas canciones más han elegido sus propios momentos para irse con quién se les antoja. Al parecer yo no tengo ni voz ni voto. Cada una de ellas cuenta su propia historia de amor, de placer o de fracaso, porque claro, también se puede amar desde el fracaso. 

Y aunque todavía vivo con el miedo de gastar canciones inútilmente, son las mismas canciones las que me recuerdan que da igual si se van por nada o por mucho, siempre habrá más y más hermosos temas para un nuevo amor, no importa si es de unas horas, de una vida o de nunca jamás.

https://open.spotify.com/playlist/3LZBLbniJpCM2DgLIQnHSm?si=6rR9NI8YSRmjdXlMDDJmKg&utm_source=copy-link

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