Ahí donde me ven, una vez participé en un experimento que ganó el 3er lugar en el interprepas de física, y pues en la UNAM, los interescolares, de lo que sea, son una cosa con la que puedes mamonear por el resto de tu vida. Y punto. Hasta ahí debía haber llegado este post, pero nunca he sabido callar a tiempo y les contaré lo vergonzoso de la historia.
La cosa fue así. En esa clase de física, habíamos 5 o 6 compañeros que nos hicimos muy amigos del maestro y pasábamos tiempos extras en el laboratorio. Que nerd, lo sé. Un día, el profe nos echó un discurso bien motivador e intentaba convencernos de participar en el interprepas de física. En el auditorio de otra escuela, con un jurado lleno de grandes investigadores, a sala llena, saldríamos en TV UNAM, nos dijo. El discurso debe haber sido bueno porque, ingenuos cual éramos a los 17 años, aceptamos. Y cuando apenas lo asimilábamos, nos dijo —tienen 3 días.
No, pues ya sabrán. Nos la pasamos jugando y peloteando ideas sin sentido los 3 días, hasta que llegó la fecha y lo mejor que se nos había ocurrido era un experimento con una pequeña máquina de vacío. Era de lo más sencillo como para ir a un evento de esa magnitud, pero ya estábamos inscritos y el profe nos convenció de que el ridículo de no ir sería peor para la escuela que el de quedar en último lugar. Y en resumen, nos dijo cosas referentes al honor y la experiencia inolvidable que íbamos a tener. Pero aunque aceptamos su arenga, nadie quería ir. Aprovechamos que, según las reglas, sólo podían asistir 3 participantes al gran evento y nos jugamos el honor lanzando monedas: los 3 perdedores irían y los ganadores esperaríamos en la escuela hasta entrada la tarde el regreso de los héroes, aburridos sí, pero sin arriesgarnos a que se rieran de nosotros. Y salí ganador. Y fui a despedir con risas y un pañuelo blanco a los amigos, a los héroes que se iban a inmolar con nuestro pitero experimento , ante el auditorio de una escuela desconocida.
Pasaron horas y más horas. Y me acuerdo estar tirado en el pasillo, afuera del laboratorio, con mi mochila como almohada, cuando llegaron los héroes del concurso. Llegaron gritando de alegría y haciendo mucho escándalo. El experimento había ganado el tercer lugar. Yo no podía creerlo. Ni ninguno de los que nos habíamos quedado. Ni siquiera sabía si podía celebrar. Pero los héroes nos contagiaban de su felicidad y fue inevitable empezar a celebrar también. La alegría superó al asombro y empecé a ser muy feliz, y brincamos, y dijimos que eramos geniales, y planeamos una celebración, y saboreamos cómo íbamos a presumir y.... Y ya. Uno de los héroes no resistió más y muerto de risa nos dijo —Sólo fuimos dos equipos y declararon desierto el primer lugar.
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