Mis manos trabajan tocando cuerpos, de todos tipos, cada uno con detalles increíbles. Han recorrido el cuerpo de aquella top model de Victoria Secret. También el cuerpo de linieros y corredores de la NFL. Algún exfutbolista. Actores, actrices, periodistas, músicos, peleadores y casi cualquier profesion mediática. Sobre ellos cae el peso de millones de miradas.
A mi mano derecha la mordió un jabalí, una víbora, un pez y un par de hormigas gigantes. Siempre hasta sangrar. Un par de quemaduras con plantas salvajes también. He decidido pensar que son purificaciones de la selva maya.
Mis manos trabajan deslizandose en otras pieles, se suavizan inevitablemente por las horas mojadas en aceite de coco y luego sufren cuando cualquier escoba se siente rasposa como lija.
Por eso les tengo que poner guantes en el gimnasio, aunque tengan que aguantar las risas de las demás manos, duras y callosas, que cargan a pelo.
Mis manos me salvaron la vida cuando me caí de la moto. También cuando me caí de la bicicleta. Pobres. Deben estar hartas de cuidar a este bruto.
Mis manos plantaron árboles en suelos imposibles. En suelos de roca han plantado la semilla de muchos más.
Mis manos se esmeran en consolarme cuando estoy solo y triste. Descubrieron que en el centro del pecho y en la frente, unos golpecitos son muy reconfortantes. A veces parece que me persinan y ya ni les molesta que las piensen mochas y las miren raro en la calle.
Mis manos han tocado 5 continentes a través de sus pieles.
Mis manos aprendieron que el erotismo es ulterior al mero contacto físico. Lo aprendieron deslizándose por miles de nalgas y cuerpos perfectos. Y siguen aprendiendo cada día a compartir felicidad no sexualizada. Ese es su trabajo. Paradójicamente se han vuelto un poco más perversas en privado.
Mis manos extrañan saludar y abrazar. Tocar con cariño fraterno en público. El covid les ha quitado eso.
Mis manos llegan a casa antes que yo, directo a cargar al gato que es su familia y al perro que es su mejor amigo. Mis manos tienen sus propios afectos.
Mis manos son las que trabajan y mantienen a este pedazo de golfo que sólo escribe y gasta sus días en actividades ociosas que no generan más dinero.
Mis manos a veces me causan envidia. Las amo, pero creo que las detesto sin darme cuenta. Quisiera tener su vida. Tal vez por eso las tengo esclavizadas trabajando para mi.
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