jueves, 17 de noviembre de 2022

Panchita

A dos cuadras de aquí empieza la selva. El pueblo no tiene un muro de piedra, sino de árboles, hierba y animales.  Vivo en la selva. El intruso soy yo, así que no quiero matar a los nativos, por mucho miedo que me de verlos  y sentirlos caminando felizmente por mi pantorrilla. Mide lo que mide mi mano. Aterradora hasta que la pones en un recipiente y la miras, la llevas afuera y la observas alejarse, pero no corriendo, sino con pequeños brincos felices, igual que una ardilla.

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