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La idea del suicidio es un delicado tabú. No conozco a nadie que no haya fantaseado con eso alguna vez. Lo curioso, es que no siempre viene con la imagen cliché de una pistola en la cabeza o de un frasco entero de pastillas. A veces llega en formas más sutiles y socialmente aceptadas, como acelerar demasiado la moto, rebasar a un tráiler a 40 centímetros de las llantas o no frenar cuando otro idiota se ha pasado el alto.
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Un amigo fantaseaba con suicidarse. Hablábamos sobre Kurt Cobain, Amy Winehouse y el derecho divino de quitarse la vida. Yo le decía que, siendo músico de rock, uno sólo puede suicidarse dignamente si se está seguro de que la tragedia va a publicarse en la portada de la Rolling Stone y no en la portada del Alarma! . Porque hay mucha diferencia entre dejar que nuestro fantasma regrese a leer un encabezado que nos eleve hacia la luz, o uno que nos haga querer volver a morir. No es lo mismo leer “EL ROCK ESTÁ DE LUTO” o “EL ÚLTIMO RIFF DE UN GRANDE” en la Rolling Stone, que leerse en las arriesgadas y cómicas conclusiones de los diarios de a 5 pesos: “COMO CHETOS CON VALENTINA/ así quedó un deprimido joven en la bañera después de pelear con su novia “, o “GOLOSA: SE LA COMIÓ TODITA / ingiere caja de pastillas y ya no la cuenta”.
Nunca olvidé esta reflexión. A veces voy al súper en bicicleta y a veces me gana la costumbre de metérmele a los carros, de no frenar en los cruces, etcétera. De pronto una voz en mi cabeza me pregunta -¿si te accidentas ahora, cuál sería el encabezado del la nota en el periódico de mañana?
La respuesta varía dependiendo de lo que haya comprado ese día, pero siempre es vergonzosa.
Por ejemplo:
SOPAS!... Hubiera dicho ese día en que compré las Maruchan.
O también:
SE PASÓ DE CHORIZO/ lo atropellan por imprudente
TENÍA MUCHOS HUEVOS/ Temerario ciclista se pasa de valiente y es atropellado
DESLECHADO/ Así dejan a ciclista por venir jugando carreritas con los autos.
Siempre con una foto de la bicicleta rota en primer plano y en perspectiva, con un hermoso punto de fuga, el abarrote mugroso regado en el piso.
Luego de ese breve ejercicio de reflexión me vuelvo el más prudente de los ciclistas. Estoy seguro de que me ha salvado la vida más de una vez.
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